Es posiblemente el mas tonto, obvio, y típico consejo que nunca vayan a darte. Y lo peor de todo (o lo mejor) es que es completamente real y válido para cualquier trabajo. Nadie nace sabiendo pintar, escribir, fotografiar, bailar… Aunque, obviamente, puedes tener cierta predisposición: hay quien tiene más facilidad para según qué cosas. De todas formas, para mejorar, la práctica se muestra como un elemento fundamental. En tus prácticas es el momento perfecto para probar nuevos estilos, nuevas iluminaciones, técnicas…, cosas que poner en funcionamiento cuando nos enfrentemos a una sesión en condiciones. Además, la práctica nos ayudará a corregir malos hábitos y a salir (y a ampliar) nuestra área de confort.

Pero, incluso cuando todo lo dicho hasta ahora es motivo más que suficiente, la realidad es que hay otros motivos por los que realizar pruebas de forma habitual:

  • Trabajar con nuevos profesionales (ayudantes, peluquería, maquillaje, estilismo, etc.) para buscar gente con la que fortalecer tu equipo de colaboradores habituales.
  • Probar con modelos no habituales para buscar nuevos talentos.
  • Probar nuevos estilos de la fotografía, para no correr el riesgo de fracasar y perder a un cliente.
  • Intentar copiar esa iluminación que viste la semana pasada en una revista, para intentar perfeccionarla y añadirla a tu colección de esquemas.
  • Ampliar o renovar tu portafolios.
  • Hacer un simulacro, como si fuera para un cliente real, para optimizar tu flujo de trabajo.

Dicho todo esto, es obvio que es totalmente necesario practicar de manera regular para convertirnos en mejores fotógrafos.

Obviamente, dependemos para muchas cosas de nuestras posibilidades. Cuando vivía en un pequeño pueblo de menos de 20mil habitantes al sur de Alicante no encontraba muchas opciones para salir y fotografiar. Ahora que vivo en Basel, las oportunidades son muchísimo mejores y más numerosas: a menos de 30 minutos puedo encontrar lagos, montañas, ríos, ciudades y mucha, mucha gente.

Si te especializas en fotografiar personas (en cualquiera de sus variantes) una ciudad aporta también muchos beneficios. Si eres un profesional de la fotografía podrías contactar con agencias de modelos para utilizar a algunos de sus modelos, y tanto si lo eres como si no… El salir a la calle en busca de un rostro anónimo puede dar también muchos y buenos frutos.

Si, por el contrario, eres más de fotografía turística, te recomiendo realizar el siguiente ejercicio:

Acércate a algún sitio turístico cercano, que tenga bastante gente, y siéntate a un lado. Tienes que estar lo suficientemente alejado de la acción como para no interferir pero también lo suficientemente cerca como para tener una visión global de lo que está sucediendo a tu alrededor. No saques la cámara… Quédate allí sentado durante un buen rato observando al resto de turistas con sus cámaras: ¿Qué elementos fotografían? ¿Desde que ángulos? Podrás comprobar como la mayoría realizan las mismas tomas, una y otra vez, sin importar la hora del día, la luz, la gente…

Sin embargo, habrá un grupo bastante más reducido de fotógrafos que se paren a pensar, busquen ángulos distintos, se fijen en detalles… No estoy diciendo que todos esos fotógrafos del segundo grupo sean profesionales, pero si es una forma de, a priori, distinguir a los fotógrafos que tienen la vista más entrenada.

La diferencia entre los del primer grupo y los del segundo es precisamente el pensar, el tener una idea de lo que se quiere conseguir y llevarlo a cabo, en vez de disparar a lo loco sin pensar realmente en lo que se está haciendo.

No es necesario tener el mejor equipo para ser un gran fotógrafo, pero para serlo si es necesario sin ninguna duda tener la vista entrenada, el ojo del fotógrafo.